11 de agosto de 1999


Han pasado casi 27 años, pero aún recuerdo aquel día. Creo que nunca lo olvidaré. Yo tenía 20 años y desperté en un hotel de Budapest. Era un día lluvioso. Me levanté muy temprano y me subí a un autobús con mis compañeros para desplazarnos a la línea de la centralidad de un eclipse total de sol. Parecía un desplazamiento absurdo, queríamos ver un eclipse de sol en medio de una tormenta intensa. La guía y el conductor del autobús hicieron todo lo posible por encontrar una zona con el cielo despejado. Llamaron a amigos, familiares y compañeros de trabajo repartidos por varias zonas de Hungría, para averiguar dónde lucía el sol, pero desafortunadamente llovía por todas partes.
Finalmente, el padre del conductor le dijo a su hijo que por el este estaba empezando a despejar y allá nos fuimos. Llegamos a Simontornya, que según nos dijeron significaba monte de Simón.


A la hora prevista la luna tapó el sol y pudimos ver la bajada de luz y de temperatura, la corona solar y las protuberancias con un color rojo intenso.

No se lo digáis a nadie, pero ese día creo que tuve algo parecido a lo que los psicólogos llaman sensación de irrealidad. Recuerdo en medio de la totalidad, pararme para mirar a mi alrededor la oscuridad y el sol, mientras me preguntaba ¿esto es un eclipse?. No me parecía posible estar viviendo algo así. Era todo muy raro.

Totalidad, 1999. J. L. Mezquita.


Cuando volvió la luz, lo primero que vi fueron dos personas a mi lado llorando. El resto estaban todos emocionados. Pero yo no estaba emocionada, me sentía muy extraña no sabía que había pasado. La totalidad fue alrededor de las 13h y el cuarto contacto alrededor de las 14:15. Después del cuarto contacto volvimos a nuestro hotel de Budapest. Según Google Maps el viaje cuesta hora y media, pero nosotros llegamos a la hora de cenar, ya que se formó un gran atasco para entrar a la capital.

Totalidad, 1999. Carles Labordena.

Por la noche hubo una cena especial, mis compañeros decían que era la celebración del eclipse. Yo no sabía que celebrábamos porque seguía sintiendome extraña, era todo muy raro. Racionalmente, por supuesto sabía que había ocurrido: la luna se había puesto delante del sol y nos había tapado su luz. Pero emocionalmente era como si no hubiera comprendido nada de lo que había pasado.

Años después vino el eclipse anular, con este sí llegué a emocionarme por ver con mis ojos algo que solo había visto en los libros. Para mí fue un eclipse más tranquilo en el que pude asimilar todas y cada una de sus fases.

Después del eclipse total, durante meses estuve buscando en las noches de luna llena, volver a ver aquella penumbra característica de la totalidad. Todavía hoy sigo soñando con verla y con ver aquella luz tan extraña que emitía un sol ocultado al 90%

27 años después tengo la suerte de que mi casa estará en la franja de la totalidad de un nuevo eclipse de sol. Si las nubes no lo impiden, esta vez será distinto, porque ya sé lo que es un eclipse total de sol, ya lo he vivido. Esta vez seré plenamente consciente de lo que estaré viviendo.
O tal vez no.

Fotos de grupo: Rodrigo Castillo y Carles Labordena